Preocupante situación en los niños que asisten a comedores en Mar del Plata
Más del 47% sufren de malnutrición, según el informe que llevó adelante el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana, tras relevar 33 barrios de General Pueyrredon.

El Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (Isepci) aseguró que el 47,1% de los niños que necesitan asisitir a comedores de Mar del Plata y Batán padecen malnutrición.
El Isepci, de la mano de Libres del Sur, realizó el Indicador Barrial de Situación Nutricional (IBSN), el cual permite la detección precoz de malnutrición en niñas, niños y adolescentes que concurren a merenderos y comedores comunitarios.
Este trabajo, iniciado en 2016, culminó el año pasado con el relevamiento de 1.811 niños, niñas y adolescentes que concurren a 36 comedores y merenderos ubicados en 33 barrios del partido de General Pueyrredon.
“Los resultados del IBSN ponen de relieve las problemáticas profundas de nuestra realidad actual, que deberían ser la prioridad de las políticas públicas. Esta investigación nos ha permitido observar que en los niños, niñas y adolescentes de 0 a 18 años relevados están presentes significativos valores de malnutrición en todos los grupos etarios”, aclaó el director de Isepci en Mar del Plata, Rodrigo Bianco.
Del 47,1% de malnutrición, el 22,5% presentaron sobrepeso y el 23,2% con obesidad. En tanto, el indicador de déficit por bajo peso es de un 1,3% y en riesgo de bajo peso casi 2,3% de la población relevada.
Al separar grupos etarios, Isepci observó que en el grupo de 2 a 6 años, el 34% presentó malnutrición; en el rango de 6 a 10 años, la problemática afectó al 55,5%; y entre los adolescentes de 10 a 18, el 50,6% mantiene alguna variante de malnutrición.
A su vez, la situación también es preocupante en las personas lactantes, entre 0 a 2 años, donde el 41,1% revelado se ubicó en algunas variantes de malnutrición.
Según el informe de Isepci, las causas incluyen factores que pueden ser modificados durante el embarazo, como el peso bajo o alto del niño al nacer, el aumento excesivo de peso de la madre o la diabetes gestacional. También se menciona la interrupción temprana de la lactancia materna con otras leches, muchas veces debido a la necesidad de la madre de reincorporarse al mercado laboral sin poder amamantar. Además, se identifican motivos prevenibles durante los primeros meses de vida, como el consumo de alimentos con alto contenido calórico pero bajo valor nutricional, y una complementación inadecuada de la lactancia materna.
Esto revela una seria falta de acceso al sistema de salud para las madres durante el embarazo y los primeros meses de vida de los lactantes.
En cuanto al indicador talla/edad, según el informe de Isepci, se observó que el 5,2% de la población de 2 a 18 años presenta este factor, con un riesgo del 5,6% de baja talla. Esta cifra aumenta significativamente en el grupo de lactantes, alcanzando un 25,9% con riesgo de baja talla del 11,9%.
“La principal causa de esta situación sigue siendo la desnutrición crónica. Es decir, niños y niñas que durante largos períodos de su vida no han recibido los nutrientes necesarios para tener un desarrollo acorde. Puede ser debido tanto a falta de aporte alimentario como a procesos infecciosos crónicos que produzcan esta situación u otras enfermedades”, manifestó Lorena Quiroga, referente del área de Salud Colectiva de Libres del Sur.
Y siguió: “De cualquier modo, la ineficacia del sistema sanitario para detectarlos y tratarlos nos habla de que no solo las estrategias de prevención y promoción están fallando, sino también el derecho de esta población a acceder a una atención oportuna”.
“Todos estos niños, niñas y adolescentes integran grupos familiares afectados por múltiples vulnerabilidades. Uno de los principales condicionantes son los límites que imponen los reducidos ingresos que disponen para alimentarse: no hay elección ni posibilidad de hacerlo en cantidad ni en calidad, con los requerimientos nutricionales para el periodo de crecimiento”, señalo Quiroga.
Por otro lado, según el informe, el aumento constante en los precios de productos frescos como carnes, lácteos, frutas y verduras ha exacerbado la tendencia de sustituir alimentos nutritivos por opciones más económicas y menos nutritivas en los hogares más humildes.
Así, mientras disminuye la ingesta de proteínas, hierro, calcio y vitaminas, aumenta la de hidratos de carbono y grasas. Al mismo tiempo, se consolida la preocupante transición de la dieta infantil hacia patrones propios de adultos, sin la inclusión de productos necesarios para su desarrollo durante la lactancia y primera infancia, principalmente.
“De este modo, el proceso inflacionario, la caída del empleo, el cierre de comercios y pymes y la menor posibilidad de realizar changas impactaron fuertemente en los sectores populares, comprometiendo las posibilidades de las familias de cubrir la canasta básica de alimentos”, expresó Biano.
Y finalizó: “Profundiza esta situación el experimento que el Gobierno está haciendo con el Ministerio de Capital Humano. Pasamos de un modelo de política social construido por años, guiado por la concepción de que la presencia del Estado junto a la comunidad organizada aporta a garantizar derechos, a una concepción en donde el individuo es un eslabón más del mercado y debe arreglárselas para sobrevivir”.





